Un tarde de invierno en el museo…

Pintura: «Raíces», 2020 (120 x 90 cm, pintura acrílica sobre lienzo).

A tree’s beauty lies in its branches,

but its strength lies in its roots.

Matshona Dhliwayo

Raíces

– No, no me inspira nada – dijo mientras observaba la pintura de arriba abajo-. Creo que los colores son tan brillantes que lastiman la vista, aunque debo decir que el escrito es impactante. Me atraen los cuentos, y este me emocionó, es difícil de admitir, pero me descubrí unas lágrimas.

– Me parece extraño, tú no lloras – trataba de ver la expresión de su rostro mientras lo decía, pero de alguna manera Martina había bajado la mirada fingiendo que releía el cuento-.

– Pues esta ocasión lo he hecho. Me da la impresión que el autor es su propio personaje y me identifiqué con él, con esa terrible monotonía que experimenta y, que, a pesar de sus esfuerzos, permanezca en ella y por tanto tiempo.

– Brutal historia en realidad, me parece muy triste. Aunque contrasta enormemente con la pintura de tonalidad optimista, algo que a veces hacemos las personas. A mí me gusta -dijo Leonor-.

Continuaron recorriendo la sala del museo prácticamente comentando cada una de las obras, y riendo de vez en cuando porque compartían lo que leían de la vida de algunos artistas.

– ¡Martina, ven! -, ¿qué te parece esto que le sucedió a un escultor que se llamaba Bartolomeo Williams? – le preguntó mientras se echaba tremenda carcajada-.

– Ahora veo, me pregunto qué habrá sentido después de semejante traición.

– Aunque quisiera no podría imaginarlo.

– Por lo que leo, Bartolomeo era un entusiasta lleno de energía enfocado más que nada en su obra artística y en publicar acalorados manifiestos en torno a lo que debía considerarse arte. Esa revista consumía su tiempo, y a la vez toda su vida. Era esclavo y amante de una sola cosa, el arte.

– Entonces no tenía tiempo para la mujer.

– De ahí vienen siempre los problemas -aseguró Martina-.

– Aparentemente era culta, ¿cuál era su nombre?

– Josephine Adler.

– Josephine, bonito nombre para una poeta.

– Siempre he creído que los escritores también hipnotizan cuando hablan, piensa por un momento en la desbordante pasión de una poeta por la vida, por el amor. La imagino como una mujer a la que le hervía la sangre ante la injusticia, sus textos y sus pocas pinturas lo reflejan.

– ¡Ya lo creo! La cantidad de admiradores que la habrán perseguido, ante algunos seguramente habrá caído – volvieron a reírse-. Bueno ya sabemos que con uno de ellos definitivamente se fue. La vida bohemia de esos tiempos sí que era interesante.

– -Martina encogió los hombros e hizo un gesto apretado con la boca- Mmm…, no lo sé, a mi más bien me gusta la época que vivo, la estructura y el orden, ya sabes como soy yo. No creo ser capaz de llevar una existencia despreocupada y errante. Tal vez tú sí Leonor, porque has recorrido gran parte del mundo. En cambio, yo, soy aficionada del arraigo.

– De echar raíces, lo que eventualmente podría resultar aburrido para algunos.

– Como cuando Josephine se fue con ese pintor.

– Sí, justo después de una de las publicaciones más exitosas de la revista de Williams, que es también cuando se convierte en un escultor de fama internacional. La veo esperando un gran éxito de su marido para no sentirse tan culpable de dejarle por uno de los miembros de su colectivo.

– Pobre hombre, doble traición. Aplica perfecto el dicho.

– Lucky at cards, unlucky in love.

– Aquí está la foto del grupo de artistas y ese Patricio Perera sí que era atractivo, aparte por lo que dice en esta ficha, era un pintor talentoso y reconocido. La convivencia diaria, la admiración mutua, las charlas nocturnas y el abandono de Bartolomeo debieron haber hecho su trabajo. Lo conocieron en la exposición que realizó Williams en Berlín en 1961 y de ahí se lo llevó a Londres, donde estaba establecido el colectivo.

– Las pasiones son las que lo enloquecen a uno, te consumen, hay una línea que definitivamente no debería dibujarse y mucho menos cruzarse, pero ellos hasta un colectivo hicieron – rio Leonor ligeramente-.

– ¿Te ha sucedido algo parecido?

– No – mintió-. ¿Y a ti?

– Tampoco – otra mentirosa-.

Mas tarde fuera del museo, las dos compartirían sus historias.


Detalle de la pintura titulada «Raíces».


Reseña de la pintura «Raíces» por mi querido amigo Reinaldo García.

¡Qué interesante tu primera obra de este año!!!

He aquí algunas de mis reacciones: los árboles podrían parecerse a los saguaros, esas cactáceas en forma de tenedor, que son muy comunes en las zonas áridas de Arizona, Sonora y Baja California que, en definitiva, señalarían una identificación con el terruño mexicano. Entre los dos árboles de la derecha observo una »mano» blanca en fondo azul que, como es habitual en tu expresionismo, induce a pensar en una especie de clamor, de súplica, hasta de agonía pero con algo de esperanza.

Lo que más ha llamado mi atención han sido esas figuras humanas bajo los árboles, las verdaderas raíces, que en sus movimientos indican que están llevando una labor, que tienen energía y que, por sobre todo, gestaron / generaron / engendraron vida.

El escrito, sutil y agudo, muestra las varias caras de la vida, con círculos que se cierran con uno y en uno mismo.


Escrito MEVM

Editora Yoana Vargas Magaña

Página de arte Jonathan Nuño

Fotografía MEVM

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