4 cuentos, 4 escritos y un poema sobre migrantes

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Pintura: “Migrante”, 2019 (50 x 50 cm., pintura acrílica sobre cartón)

 

1.El Río de Sueños
2.El cielo es el límite
3.Es larga la espera
4.Patrona de los migrantes
5.La espera
6.Cenizas humanas
7.¿Existe el Síndrome de Estocolmo?
8.Cada dólar Cuenta
9.Verde Patria
 

 

“Nos prometieron que los sueños podrían volverse realidad.

 Pero se les olvidó mencionar que las pesadillas también son sueños.”

Oscar Wilde

1. El Río de Sueños

Por Yoana Vargas Magaña

—Ya no llore; amá, vamos a estar bien ya verá, además no soy ni el primero ni el último que lo intenta, ya ve el Pedro, pasó de volada y consiguió buen jale, ya dizque hasta habla inglés y a mi tía seguido le llega su buen dinerito; entienda; má, es la única forma de salir de todo esto, ándele écheme una sonrisita y su bendición.

-Nombre del padre del hijo del espíritu santo Amén.

Después de darle un beso en la frente a su madre, justo como ella solía hacerlo antes de despacharlo a la cama, cuando él era muy pequeño, Alejandro, aún con los ojos cerrados, exclamó: Amén.

—Venga pa’ca Juanito, dijo a su hermano de no más de ocho años que se encontraba sentado en aquel viejo colchón que usaban como cama comunitaria. Mire pinche Juanito usted ya es un hombre hecho y derecho así que le toca cuidar de la jefa, ¿me entendió?

El pequeño  lo miró fijamente por unos segundos, estaba rígido como piedra, apretaba la mandíbula para ganarle la batalla al  llanto y se podría decir que triunfó en el acto.

-Sí Alejandro, yo me encargo, pero llámeme Juan que ya no soy un niño.

Se sonrieron como despidiéndose, como si las palabras sobraran y todo estuviera muy claro, con esa complicidad de hermanos que un hijo único no podría entender jamás. Todos en esa habitación retenían con fervor  las lágrimas, como si dejarlas salir pudiera significar algún mal augurio. El futuro bracero, sin más, se fue.

Después de varios días del reporte de mamá, me encontraron en el Rio Bravo, no de la forma en que ella hubiera deseado con toda el alma, pero sí de la que su intuición de madre, ya hace algún tiempo le decía.

Aquella tarde del 5 de Noviembre no fue solo mi cuerpo el que flotaba en el río, también lo hacían mis sueños y los sueños de muchos de mis paisanos.

Si pudiera regresar de la muerte, después de abrazar a mi familia, haría que le cambiaran el nombre a ese río.


 

2. El cielo es el límite

Por José Ernesto Sotuyo Andrade

El viaje más largo que un hombre puede hacer en la vida es hacia su infancia. Sin escalas, derechito a la inocencia. Desde aquí les escribo.

Verán.

Hay días que amanecen con un cielo pintado a mano (de Dios, claro) o por el contrario como un manotazo furioso del diablo (así, con minúsculas) y las noticias calan en la justa medida que el adulto o el niño las lea o entienda. Quiero entender. Que ser pobre es una osadía que se cobra caro, huyendo despavorido del horror de la miseria hacia otro espanto aún más grande, oculto, inconcebible, puntual: la muerte. No hay tiempo para correr, viajan ligeros, una mochila al hombro vacía de certezas y llena de bendiciones más la totalidad de su inocencia, bien oculta, más vale. Así van dejando retazos del niño que fueron, son, ¿serán? .

Un comentario al margen, ser poeta es volver a mirar con inocencia y no estoy seguro de que me alcance la ternura para remediar lo cotidiano pero a fuerza de creer que ellos, todos estos viajeros que intentaron cruzar mi raro país –deshecho por terremotos y huracanes, partido por la indiferencia política– y han quedado sembrados, bailan, comen y se ríen, al menos sus sombras allá en su tierra o en el cielo. 

Migrante_MariaElenaVargasMagana (4)


 

3. Es larga la espera

Por Yoana Vargas Magaña

-Es larga la espera ¿verdad? Le pregunté con el afán de sentir un poco de compañía, es extraño sentirse tan solo y estar rodeado de tantos.

-Eso depende de lo que estés esperando.

No supe si sonreír o no. Había algo de incertidumbre en su respuesta, como si de pronto se refiriera a la muerte o quizás eran sólo mis ideas y el olor a muerte que ahí se respira.

Me dijo quién era, de dónde venía (un indocumentado documentándose conmigo y ¿para qué?), hasta me contó sus sueños y anhelos, cuando lo hacía un brillo en sus ojos me enseñaba cómo es el color de la esperanza, me pregunté si yo tendría esa mirada también.

-Mira este de la playera azul ya se durmió, es lo peor que puedes hacer, siempre son los primeros que la bestia escoge, a los que se duermen. Por un lado se podía ver la belleza de los colores del sur de México, por otro el horror y detrás sólo tierra y nuestro pasado entre ella.

Nada de lo que te he dicho importa, lo único que importa es llegar y si no es así te pido que por lo menos lo haga mi nombre.

Sólo acuérdate de mi nombre, si la espera se vuelve corta para mí.


 

4. Patrona de los migrantes

Por José Ernesto Sotuyo Andrade

Yo lo creo. No pudo haber sido distinto. Un hombre apresurado por el amanecer va corriendo por un cerro cuando una mujer de inmaculada belleza hace su aparición deteniendo en seco la carrera; el movimiento es fe.

 Y de andar no hemos parado. Cómo podríamos si está en nuestra sangre la virtud del dinamismo y en nuestra historia la persecución. Desde entonces y siempre la virgencita, como aquella mañana de 1531, con un velo constelado de presagios, piel morena y mirada dulce, se encarga de repartir cantidad de bendiciones y atender las plegarias que vuelan con urgencia desde el techo laminado de un vagón de ferrocarril o desde la caja apretada de un tráiler o desde las pisadas derretidas por el calor del desierto pero siempre en movimiento. Ello lo sabe, a esta vida no hay quien la pare.


 

5. La espera

Por Yoana Vargas Magaña

 

– ¿A dónde crees que nos lleven? Preguntó casi susurrando, a pesar de saber que nadie los escuchaba, como si de pronto el viento pudiera llevar sus palabras a oídos no deseados.

– No sé, pero tengo miedo, sé que me dijiste que tener miedo no es cosa de hombres, pero ahora más que nunca lo siento en mí, me rodea, me invade, se ha apoderado de este costal de huesos que soy, y me pesa más que esta mochila llena de todo y llena de nada que me hiciste empacar rápidamente mientras le decíamos adiós a tantos pares de ojos empapados de lágrimas… luego pienso en la casa y sonrío, paz momentánea, recuerdos que anhelo, pienso en todos, en mamá, en Pablo, en la bebé, éramos pobres, pobres hasta los huesos, pero de cierta forma felices… sí, felices y sin este miedo maldito.

– Ven hijo, dame un abrazo, no importa si también dije que eso no era de hombres.

De pronto escucharon el crujir de las hojas, pasos apresurados, arrebatados, decididos y entonces lo supieron, la espera había terminado.

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6. Cenizas Humanas

Por José Ernesto Sotuyo Andrade

Deben creer que estoy loco porque hablo con mis hijos. Deben creerme loca porque trato de abrazarlos. Soy madre y padre al propio tiempo. Los he llevado más tiempo en mi útero subterráneo que sus madres cocinándolos en el fuego lento de su vientre. Los vi crecer y marcharse.

Pienso en ellos y lloro. Los recuerdo en dolorosas humaredas de suspiros, en cada vuelco y temblor de tripas cuando me entero que uno más queda sembrado en la frontera. Una y uno y otra y otro más. Tantos. La aritmética no comprende de aflicciones. Toda suma; resta. Puebla es el cuarto estado con mayor índice de migración. También en decesos. Hilos de lava confeccionan un vestido de andesita gris tristeza en franca muestra de mi interminable duelo, lo dijo Elena Garro, hija ejemplar; “…el porvenir era un retroceder veloz hacia la muerte y la muerte el estado perfecto, el momento precioso en que el hombre recupera plenamente su memoria.” Y en mi corazón sigue viviendo esa llama que alberga la memoria de sus vidas.

Hay días que no me contengo y abro mi pecho en un silente estallido de cenizas entonces me despido de mis hijos colmándolos de azufrados besos de nostalgia.


 

7. ¿Existe el Síndrome de Estocolmo?

Por Yoana Vargas Magaña

Tomó un pequeño clasto de su atesorado carbón, lo había encontrado el día en el que esos dos hombres la encerraron ahí, dibujó una línea más entre las trecientas setenta y seis que, aunque borrosas, le recordaban claramente cuanto tiempo llevaba en aquel lugar.

De pronto escuchó pasos apresurados que se dirigían hacia el cuartucho, movió la cama para cubrir su calendario improvisado, se acostó adoptando posición fetal, cubrió su rostro con la única sabana que tenía, como si al hacerlo asegurara su propia protección, cerró los ojos intentando tranquilizarse, fue en vano, su respiración se agitaba a cada segundo, apretaba los puños de sus manos temblorosas como si quisiera convertir el aire en nada. Se preguntaba si Baltazar habría cumplido su promesa, se estremecía al pensar que “el jefe”  todavía estuviera vivo y peor aún que hubiese descubierto todo.

-Está hecho, susurró Baltazar mientras se le acercaba lentamente y le acariciaba la cara con ternura, ahora podemos ir al fin del mundo si así lo quieres. Dame el arma que te di por si el regresaba, dijo mientras exprimía la sangre de sus ropas.

La esperanza que sintió en esos momentos le dio el valor para mover su última pieza de ajedrez, fue como si pudiera saborear la libertad con cada disparo. La camisa de Baltazar ahora llevaba la mancha de sangres diferentes y la suya era una de ellas.


 

8. Cada dólar cuenta

Por José Ernesto Sotuyo Andrade

 

Hay geografías que albergan sueños. El norte, por ejemplo, es el derrotero que el migrante traza con esperanza de alcanzar la dignidad que la vida le niega. La brújula del corazón apuntando al norte. Siempre al norte; domicilio de anhelos.

El del cuadro es un experimentado encargado de llevar por tierra firme y a lo largo de dos mil kilómetros de sustos a un rebaño de migrantes. Desde los platanares de Guatemala hasta los desiertos de hostilidades en la frontera. Está a punto de ser condecorado y espera serio el momento de la ovación, el vendaval de aplausos, pues ha demostrado a cuenta y riesgo de la vida que en este mundo de muros y trincheras solo el cielo es límite y ya hay quién lo ha tomado por asalto.

¿Será cierto que ningún ser humano es ilegal? ¿Qué las fronteras fueron creadas para tipificar el delito de contrabando? ¿Qué el pasaporte es una forma diplomática de racismo? De tener respuesta a estas preguntas de nada cambiaría su fe, la de él, asirse al eficaz amuleto del dinero porque en este viaje de bestias y desvelos, de hambre y rapiña, de sed e ilusión, cada dólar cuenta.

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9. Verde Patria

Por Verónica Manzo Barajas

 

¿Por qué me arrancas de tu lado… Verde Patria?

exiliándome…

de los brazos de tus campos,

de tus valles y montañas,

de mis sueños juveniles,

del terruño que me abraza…

 

¿Por qué me niegas tu mirada?,

si en tus ríos de agua clara

se bañaba mi esperanza

yo reía… yo jugaba…

 

Verde Patria, que Velarde te ensalzaba

con el alma enamorada,

hoy te dejo…. ¡hoy me muero!

hoy mi vida se hace nada…

 

Por delante existe un sueño

que otra patria me brindara,

con disgusto dejo todo…

ojalá no me dejaras…

 

Verde Patria, sin color de una esperanza,

en tu casa queda atada

la tristeza de mi alma,

y en tus puertos dejo todo…

… ojalá no me dejaras…

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